lunes, 7 de noviembre de 2016

El léon y la liebre

El león y la liebre

Adaptación de la fábula de Esopo

En cierta ocasión, un león paseaba por sus dominios buscando algo para comer. Era un león grande que imponía mucho respeto al resto de los animales, por algo era el rey de la sabana.
Siempre que aparecía, los pájaros comenzaban a piar para avisar a todos los demás de que se avecinaba el peligro. En cuanto sonaba la alarma, los antílopes se alejaban con grandes zancadas en busca de un sitio seguro, las cebras aprovechaban las rayas de su cuerpo para camuflarse y hasta los hipopótamos corrían en busca de un río donde meterse.
Ese día, los animales desaparecieron cuando escucharon que el león andaba por allí. Bueno, casi todos, algunos no se enteraron, como le pasó a una liebre que dormía profundamente. Hacía calor y dormía tan profundo que no escuchó los gritos de los pajaritos.
El león rápidamente la vio y pensó que era una presa muy fácil. ¡No se movía! Emitió un pequeño rugido y justo cuando se acercó, vio a lo lejos un ciervo que también se había despistado porque estaba un poco sordo. El león se quedó quieto, sin moverse, tenía que tomar una rápida decisión.
– ¿Qué hago? ¿Me como esta liebre o voy a por ese ciervo? La liebre no tiene escapatoria, pero es muy pequeña. El ciervo, en cambio, es grande y su carne deliciosa… ¡Está decidido! ¡Me la juego!
Salió corriendo a máxima velocidad que le permitieron sus patas para perseguir a la presa más grande. Pero el ciervo, que vio al felino, reaccionó a tiempo y huyó despavorido. La carrera de león fue inútil.
– ¡Maldita sea! ¡El ciervo ha conseguido escapar! Me he quedado sin cena… En fin, iré a por la liebre.
El león regresó sobre sus pasos en busca de la presa más pequeña, pero el animal ya no estaba. Por lo visto, un ratoncito la había despertado para avisarle de que el león se la comería en un abrir y cerrar de ojos. El rey de los animales se enfadó muchísimo.
– ¡La liebre también ha desaparecido! ¡Hoy no es mi día de suerte!
Se tumbó a reflexionar y se dio cuenta de que no había sido cuestión de suerte, sino que la caza había fracasado por un error que él mismo había cometido.
– ¡Me lo merezco! Tenía una presa en mis manos y la dejé ir. Al final, nada ¡Pero qué tonto he sido!
Y así fue cómo el león no tuvo más remedio que continuar buscando comida.
Moraleja: A menudo, es mejor conformarse con lo que uno tiene, aunque sea poco, que arriesgarse por algo que a lo mejor no podemos conseguir.
Actividades
1.      Explica:
·         ¿Quién es el rey de la sabana?
·         ¿Cómo se avisan los animales?
·         ¿Qué dos animales no escucharon el aviso?
·         ¿Quién avisa a la liebre?
2.      Haz una lista con todos los animales que aparecen en la fábula.
3.      ¿Qué piensas de la moraleja final? ¿Crees que es mejor no arriesgarse?
4.      Escribe V (verdadero) o F (falso)
-          El león no tenía hambre.
-          La liebre dormía porque tenía calor.
-          Un ratoncito avisó a la liebre.
-          El león quería comerse a un hipopótamo.

POR CADA PREGUNTA QUE ACIERTES CONSEGUIRÁS UN PUNTO DE DESTREZA ESCRITA Y LECTORA. 

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