El
león y la liebre
Adaptación de la fábula de Esopo
En cierta ocasión,
un león paseaba por sus dominios buscando algo para comer. Era un león grande
que imponía mucho respeto al resto de los animales, por algo era el rey de la
sabana.
Siempre que aparecía,
los pájaros comenzaban a piar para avisar a todos los demás de que se avecinaba
el peligro. En cuanto sonaba la alarma, los antílopes se alejaban con grandes
zancadas en busca de un sitio seguro, las cebras aprovechaban las rayas de su
cuerpo para camuflarse y hasta los hipopótamos corrían en busca de un río donde
meterse.
Ese día, los
animales desaparecieron cuando escucharon que el león andaba por allí. Bueno,
casi todos, algunos no se enteraron, como le pasó a una liebre que dormía profundamente.
Hacía calor y dormía tan profundo que no escuchó los gritos de los pajaritos.
El león rápidamente
la vio y pensó que era una presa muy fácil. ¡No se movía! Emitió un pequeño
rugido y justo cuando se acercó, vio a lo lejos un ciervo que también se había despistado
porque estaba un poco sordo. El león se quedó quieto, sin moverse, tenía que
tomar una rápida decisión.
– ¿Qué hago? ¿Me
como esta liebre o voy a por ese ciervo? La liebre no tiene escapatoria, pero
es muy pequeña. El ciervo, en cambio, es grande y su carne deliciosa… ¡Está
decidido! ¡Me la juego!
Salió corriendo a máxima
velocidad que le permitieron sus patas para perseguir a la presa más grande.
Pero el ciervo, que vio al felino, reaccionó a tiempo y huyó despavorido. La
carrera de león fue inútil.
– ¡Maldita sea! ¡El
ciervo ha conseguido escapar! Me he quedado sin cena… En fin, iré a por la
liebre.
El león regresó
sobre sus pasos en busca de la presa más pequeña, pero el animal ya no estaba.
Por lo visto, un ratoncito la había despertado para avisarle de que el león se
la comería en un abrir y cerrar de ojos. El rey de los animales se enfadó
muchísimo.
– ¡La liebre también ha desaparecido! ¡Hoy
no es mi día de suerte!
Se tumbó a
reflexionar y se dio cuenta de que no había sido cuestión de suerte, sino que
la caza había fracasado por un error que él mismo había cometido.
– ¡Me lo merezco! Tenía una presa en mis
manos y la dejé ir. Al final, nada ¡Pero qué tonto he sido!
Y así fue cómo el león no tuvo más remedio
que continuar buscando comida.
Moraleja: A menudo, es mejor conformarse con lo que
uno tiene, aunque sea poco, que arriesgarse por algo que a lo mejor no podemos
conseguir.
Actividades
1.
Explica:
·
¿Quién
es el rey de la sabana?
·
¿Cómo
se avisan los animales?
·
¿Qué
dos animales no escucharon el aviso?
·
¿Quién
avisa a la liebre?
2.
Haz una
lista con todos los animales que aparecen en la fábula.
3.
¿Qué
piensas de la moraleja final? ¿Crees que es mejor no arriesgarse?
4.
Escribe
V (verdadero) o F (falso)
-
El león
no tenía hambre.
-
La
liebre dormía porque tenía calor.
-
Un
ratoncito avisó a la liebre.
-
El león
quería comerse a un hipopótamo.
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